El contexto político internacional esta cambiando y los modelos tradicionales están llegando a su fin. Era inevitable, era justo y se creía que era imposible.
Visualizar por Youtube el debate presidencial propuesto por el movimiento #YoSoy132 en México, para mí, se convirtió en una reformulación total en lo que atañe a los paradigmas tradicionales del manejo de la política en el Mundo.
Nunca antes se hubiera pensado que un conglomerado social “Acéfalo”, “Horizontal”, “De Hecho”, cuyas bases son el poder de convocatoria de las redes sociales y la indignación de la juventud en un país heroico, pero que sufre mas que nunca el abandono evidente de sus autoridades , pudiera convocar a los aspirantes a la presidencia de la República, en un debate público sin intervención de las instituciones estatales y privadas llamadas tradicionalmente a efectuar este tipo de eventos y conseguir una respuesta masiva por parte de la sociedad. Pero se lo consiguió el día 19 de junio del año 2012, marcando un hito histórico en lo que a participación política y ciudadana se refiere.
Eventos como este se transforman en el Alfa de la nueva política mundial, el recomenzar como sentenciaría Facundo Cabral hace muchos años, un contexto en el cuál la sociedad premia a las “Ideas” propuestas por los aspirantes a las distintas dignidades en disputa eligiéndolos con su voto, y no a las maquinarias propagandísticas que se encuentran detrás de ellos muchas veces sobredimensionando sus capacidades e intenciones.
Un escenario nuevo en el cuál los ciudadanos entendamos que las personas que son electas en las urnas son nuestros “empleados” llamados a servirnos y no nuestras majestades que pueden vilipendiar nuestros derechos y abusar de su autoridad para perjudicarnos.
Un momento histórico trascendental en el cuál gracias a las redes sociales podemos convocar grandes masas de individuos no en función de una figura pública ni de intereses egoístas, sino en función de una idea que expresa el clamor popular, de una causa justa; donde la tarea de fiscalización ya no le corresponde solamente a los legisladores sino a todos y cada uno de los que en un contexto democrático aportaron con su decisión a la hora de votar.
Como ciudadanos responsables debemos ser definitivos y drásticos con los modelos políticos tradicionales y decadentes, eliminarlos por completo, borrarlos del mapa. Esto solo se consigue castigándolos en las urnas, obligándoles a regresar a sus hogares a rendirle cuentas a Dios por su fracaso administrativo y si es el caso, a las respectivas autoridades de control.
Hace cuarenta años era una injusticia que quien tenía el poder económico y de la prensa en sus versiones audiovisuales y escritas fuera el único aspirante real a ocupar una dignidad de elección popular; sin embargo, el día de hoy en el año 2012, que este fenómeno se siga suscitando me parece una tragedia aberrante y de mayúsculas proporciones, donde los únicos culpables seguimos siendo los votantes que nos acostumbramos al yugo de los medios de comunicación vendidos a intereses económicos y políticos.
Personalmente creo que los medios de comunicación son una bendición de Dios porque nos informan, nos educan y nos ayudan a crecer (cuando se manejan responsablemente), sin embargo mi crítica va dirigida a todos esos medios amañados que parcializan el pensamiento e impiden el progreso de las naciones, sean estos financiados con fondos públicos o privados, porque creo que todos tenemos derecho de trabajar y los medios de comunicación son un espacio legítimo para ejercer este derecho humano básico y trascendental.
Hoy el mundo esta cambiando y los políticos tradicionales tienen dos opciones, adaptarse o desaparecer.
Y adaptarse no consiste en crear una cuenta personal de Facebook, Twitter, Youtube y andar subiendo fotografías y videos de las obras y donaciones que realizan para el pueblo con el dinero del pueblo. Eso es vergonzoso. Para eso existen los boletines informativos de rigor. No se trata de rendición de cuentas, sino de promoción personal y las nuevas generaciones tenemos que aprender a identificar claramente eso.
Un político decadente es fácil de reconocer porque en una fotografía donde todos trabajan es el único que aparece con una sonrisa perfecta, vestido impecablemente, abrazando a todos los que estén a su alcance y creyendo que es el que más contribuyo cuando canalizo el dinero hacia esa obra. Lo cierto es que el dinero empleado pertenece a los votantes, al pueblo, no a él; aunque existen estudios psicológicos serios que han identificado que los políticos decadentes llegan inclusive a actuar creyendo a nivel consiente e inconsciente, que los fondos con los que se ejecutaron las obras salieron de su peculio personal y exigiendo un agradecimiento eterno por cumplir algo que es su función y no un favor o equivalente.
El político decadente se olvido de servir a la colectividad, sirve para servirse de ella, piensa que el enriquecimiento ilícito es para los narcotraficantes, para los delincuentes, para las meretrices de lujo y que en su caso específico no se llama robo sino bono. No se llama corrupción sino incidente laboral.
El político decadente recorre los caminos de su pueblo solamente en la campaña y se olvida completamente de hacerlo después.
El político decadente es un demagogo, miente para engañar al pueblo y conseguir una dignidad.
El político decadente muy probablemente inició de joven sus actividades políticas decadentes, pensando que es una actividad rentable, se engaño a sí mismo con débiles ideales que se vendieron a la mejor oferta económica y al llegar el momento específico se puso una camiseta de colores y salto a la palestra para terciar por una dignidad de elección.
El político decadente tal ves es hijo, nieto, sobrino ahijado, amigo intimo, familiar, empleado, esbirro o testaferro de otro político decadente, cuyo único interés es mantener un estatus y un nivel de vida de lujo, de beneficios y de poder, olvidándose de la esencia del servicio a la colectividad.
El político decadente es un impostor, que inicio proponiendo un cambio y se transformó en aquello contra lo que en un principio luchaba.
Existen infinitas características de los políticos decadentes, pero lo importante es que los aprendamos a identificar para no volver a caer en sus redes.
Mi nombre es Fernando Dalgo y soy de una muy pequeña ciudad en la selva del Ecuador llamada Tena. Escribo este artículo desde Buenos Aires Argentina y creo que los políticos decadentes se encuentran en toda América Latina y en todo el mundo. Estas características se cumplen en Portugal y en Grecia, en México y en Bolivia, en Cuba y en los Estados Unidos, en Rusia y en Australia, en Camerún y en Uzbekistán.
Pero el Omega de la clase política decadente esta llegando. Los jóvenes nos estamos involucrando cada ves mas con los temas políticos, sociales, históricos y culturales. Cada día se fortalece en nuestros corazones el espíritu de amor y respeto por nuestra tierra y por nuestro planeta. Entendemos que la nueva política no es una actividad de escritorio análoga a la monarquía en la que los plebeyos cumplen las funciones del Rey, que es el que más se beneficia de su trabajo.
La nueva política será la suma de hombres y mujeres académicamente capacitados y dispuestos a llegar cargados de propuestas y de soluciones al desempeño de sus dignidades políticas, que estén dispuestos a salir de sus oficinas y entender en la calle cuales son las necesidades de su pueblo, que no teman a la crítica social por romper paradigmas y cuya calidad moral les permita vencer a los tentáculos de la corrupción.
Para involucrarte con el Alfa de la nueva política Latinoamericana y Mundial no debe importar en que cuna naciste, si en un barrio alto o uno bajo, si eres hombre, mujer, rico, pobre, negro, blanco, judío, musulmán o cristiano, como decía San Agustín, basta y sobra con que seas un ser humano cargado de interés en el desarrollo del prójimo, en convertirte en el cambio que deseas ver en el mundo, que rechaces al tradicionalismo político y que estés dispuesto a sembrar, tal ves para que la cosecha solamente sea vista por tus hijos o nietos, pero con la conciencia y la satisfacción del deber cumplido, de haber colaborado con la construcción de un futuro mejor y por sobre todas las cosas con el Omega de la Política Decadente.
Autor: Fernando Dalgo Ballesteros.
Página Web: http://www.fernandodalgo.com
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#No+PoliticaDecadente
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